La Santa María la Ribera ha sido mi colonia adoptiva. Aquí es donde yo y mi equipo fabricamos las vitrinas.
Tomar la bici en las mañanas desde la Condesa y recorrerla es uno de mis mejores momentos del día. Una colonia viva y en constante cambio.
A veces trato de imaginar quienes habitaron esas casas palaciegas o cómo habrá sido recorrer sus calles en el tren de pasajeros hace 2 generaciones con personas de traje, vestidos largos y sombreros.
Cómo tip, si un día vas a ver su hermoso kiosko morisco, te recomiendo pasar al único restaurante de hongos con su propia huerta en la CDMX, @tencui.mx


